La Ultimate Fighting Championship (UFC) y la World Wrestling Entertainment (WWE), propiedad de TKO Group Holdings, anunciaron acuerdos multimillonarios que reposicionan sus marcas en los ecosistemas digitales y de streaming.
A partir de 2026, la UFC pondrá fin a su modelo tradicional de pay-per-view en Estados Unidos y se transmitirá exclusivamente por Paramount+, que pagó USD 7.700 millones por un contrato de 7 años. La medida refleja una tendencia mundial en la que el consumo de deportes vía streaming está creciendo a una tasa anual promedio del 12%, mientras que la audiencia televisiva lineal está cayendo un 6% durante el mismo período, según datos de PwC Sports Survey 2024.
La WWE, que tiene un acuerdo vigente con Netflix, también se centrará en un enfoque multimedia: ESPN se hizo con los derechos de eventos como WrestleMania y SummerSlam para el mercado norteamericano por USD 1.600 millones en un contrato de 5 años, a partir de 2026.
La nueva novedad está en la distribución: además de las transmisiones televisivas y ESPN+, parte del contenido premium estará disponibles a través de una suscripción dedicada por USD 29.99 al mes, combinando la lógica de un "club de fans" con acceso a eventos exclusivos.
Con estos acuerdos, se espera ampliar la monetización, ya que las ventas directas por streaming permiten a las organizaciones recopilar datos de consumo, ajustar las ofertas y personalizar la experiencia de los fans.
La migración de los gigantes de la industria a modelos centrados en el streaming indica no solo un cambio de plataforma, sino también un cambio en la mentalidad de los jugadores. Lo que antes estaba limitado por la programación y las barreras geográficas ahora se está transformando en un producto global, personalizable y basado en datos.